La Ruta 40 ha permanecido más bien desconocida para la mayoría de nosotros hasta el presente, resguardando así toda su riqueza histórica y cultural.
Gracias a esto es que aún la Ruta 40 mantiene su belleza y su cultura casi intactas, y por esta misma razón es que resulta una enorme responsabilidad comunicar de su existencia, y más aún, convertirla en un atractivo turístico unificado.
En cuanto a los viajeros, que de alguna manera somos todos, ya sea en esta ruta o en otra, vale la pena aprovechar para saber lo que significa entrar en una cuesta, o estar preparado para no llegar, si es que nos agarra la noche o se nos mete un palo en la rueda. Es bueno estar conciente, despierto. Los protagonistas como el viento, las nubes, el granizo, el vado, el río alto, nos invitan a lavar la mirada. Los encuentros mágicos con gente del camino también son espejos nuevos, con sonrisas que nos hablan de otra dimensión. Quererse un poco también es importante en el andar, y querer volver a la tierra también es un gesto de entrega y dicha. No podemos perder la libertad que se nos ha concedido con esta vida. No lo echemos a perder.